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Nuestras ciudades, estos grandes espacios donde se llevan a cabo las actividades de la vida cotidiana, que dan fe del paso de generaciones y que evolucionan junto con la humanidad, son también los espacios donde se combinan elementos tangibles e intangibles a los que nos identificamos y sentimos que pertenecemos, y son también los escenarios de construcción de la vida en comunidad.

Muchos son los esfuerzos de los gobiernos locales para mitigar las problemáticas de nuestras ciudades; hace 9 años, la Asamblea de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos para el desarrollo sostenible y, desde este momento, en los discursos y el lenguaje político se incluyen intensiones como mejorar la accesibilidad en las ciudades, aumentar los espacios públicos, peatonalizar algunas calles y, sobre todo, impulsar proyectos de movilidad urbana sustentable; todos ellos alineados al cumplimiento de uno de los objetivos, el ODS 11 denominado “Ciudades y Comunidades Sostenibles”.

Pero ¿en qué medida estos proyectos de construcción de ciudades sostenibles son también proyectos de construcción de comunidades?, o es que podemos asumir que una Ciudad ¿es por sí sola una Comunidad?

Planear la ciudad considerando que incluir los elementos urbanos tangibles y espaciales es suficiente para construir un elemento intangible denominado comunidad, es tan engañoso como pensar que construir un parque en el barrio con juegos infantiles es suficiente para que la gente acuda, se llene de vida y sea un espacio donde todos se sientan identificados.

¿Qué es la caminabilidad y cómo se construye la memoria colectiva?

Un componente indispensable en la planeación de las ciudades hoy en día debe ser la “Caminabilidad”, o “Walkability” en inglés, que es una palabra compuesta por dos términos, que son “Walk” que significa caminar y “Ability” que significa habilidad o capacidad; esto implica evolucionar el concepto de ciudades accesibles o amigables con el peatón, a ciudades caminables, que construyen comunidad.

El concepto “Accesibilidad” está compuesto de elementos objetivos, tangibles, técnicos y cuantitativos, en donde las medidas mínimas de banquetas, la presencia de rampas para discapacitados, la existencia de calles peatonales, la presencia de elementos de seguridad vial, la conexión de las vías, entre otros, nos permite calificar los proyectos como accesibles. Por otro lado, el concepto “Caminabilidad” está compuesto por elementos subjetivos, intangibles y cualitativos, como son la sensación de confort, de seguridad, las áreas atractivas, los recorridos y arquitectura sensorial, entre otros, que nos permiten calificar los proyectos como habitables.

Poder caminar en veredas bien conectadas y accesibles nos permite tener desplazamientos urbanos, y realizar actividades del día a día, abonando con esto a la movilidad sustentable, mientras que la caminabilidad, en su concepto más amplio, genera una experiencia urbana, en la que estos desplazamientos cotidianos construyen nuestra identidad, nos dan un sentido de pertenencia y fortalecen los lazos de las personas en la comunidad.

Las experiencias urbanas se construyen a partir de las interacciones humanas con el entorno y especialmente con otros seres humanos. Es decir, estos recorridos a pie en los que la velocidad a la que nos trasladamos nos permite interactuar con el vecino, saludar al comerciante que siempre está en la misma esquina y vemos todos los días al caminar hacia la parada de bus, intercambiar miradas y “buenos días”, reconocernos como seres humanos, resultan ser determinantes en la forma en que le damos un valor a nuestra ciudad y son estas expresiones de convivencia social las que construyen la memoria colectiva de un lugar.

Kevin Lynch describe esto como la “Legibilidad”, es decir, la facilidad en que un entorno urbano es aprendido y recordado. Estas experiencias quedan grabadas en nuestro imaginario como impresiones sensoriales (acústicas, olfativas, visuales, y táctiles) al momento de desplazarnos.

¿Cómo avanzar hacia una planeación que contemple el concepto amplio de la Caminabilidad?

Todos nosotros, como habitantes de una ciudad caminamos, pues es el principio y fin de cualquier tipo de movilidad, en algún momento nos convertimos en peatones incluso al subirnos o bajarnos de nuestro vehículo al llegar a un sitio, o al tomar el autobús e incluso cuando nos movemos en bicicleta, tenemos que desplazarnos caminando. Por esto caminar es una actividad esencial para todos.

Con estudios cuantitativos, Estados Unidos ha logrado medir cuánto tiempo caminan las personas dependiendo de la actividad que realizan, y ha compartido resultados que indican que quienes caminan distancias más largas son los turistas; esto es porque la mejor manera de captar la esencia de un lugar, de vivirlo y sentirlo es caminando, disfrutando de las experiencias sensoriales que al final del recorrido generarán una impresión que recordaremos siempre: dichos recuerdos se vinculan con sensaciones, emociones, olores, que dan soporte mental al recuerdo y hacen que comunicar esas sensaciones sean como volver a vivirlas.

La planeación urbana de nuestras ciudades deberá estar orientada a generar espacios para la caminabilidad, donde el confort, el disfrute y la accesibilidad universal permitan el desarrollo de la vida en comunidad.

ONU Hábitat describe, en su sitio oficial, a las ciudades caminables como vitales, sostenibles, sanas y seguras, y propone 6 claves para una buena planificación urbana que aliente a las personas a caminar, estas son: fomentar la movilidad verde, potenciar la vida entre edificios, impulsar las actividades recreativas, veredas más anchas, mejorar el mobiliario urbano y edificios para ser vistos en la planta baja. Agrega que, si en la ciudad se ofrecen mejores espacios públicos el uso se incrementará, sin importar las diferencias del lugar, cultura, clima, o situaciones económicas y sociales.

Queda claro que, para incluir estas claves en nuestra ciudad e invitar a la gente a caminar es indispensable que los proyectos de diseño urbano tengan su base en un análisis no sólo en los elementos tangibles sino en los intangibles, que están presentes en las zonas de intervención; crear equipos de trabajo transdisciplinarios, que trasciendan las fronteras disciplinares para construir nuevos conocimientos; y el diseño participativo de estos espacios, involucrando activamente a los ciudadanos en todo el proceso de diseño.

Apostar por la caminabilidad como eje central de los proyectos urbanos e incluirla en los discursos políticos parece ser un buen punto de partida para la construcción de comunidades sostenibles y resilientes, que se reconocen como una, que se cuidan entre sí, aprenden unos de otros, se apoyan y crecen localmente.

“La planeación urbana de nuestras ciudades deberá estar orientada a generar espacios para la caminabilidad, donde el confort, el disfrute y la accesibilidad universal permitan el desarrollo de la vida en comunidad”.

María Isabel Velázquez Celorio

María Isabel Velázquez Celorio

Arquitecta con Maestría en Desarrollo Urbano. Directora de Consultores en Diseño Urbano.

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